Melbourne, my love!
De Argentina a la ciudad con mejor calidad de vida en Australia, imagínate. Planeé mi primer semana para hacer todo tipo de trámites: abrir una cuenta de banco, una línea de celular, el TFN que es un número para poder trabajar en blanco, el RSA que es el papel que te habilita a trabajar en cualquier tipo de restaurant/bar que venda alcohol, y demás trámites que no recuerdo bien. En dos horas hice todo. Literal. Entré al banco, nunca hay cola, te vienen a buscar y te dirigen a la oficina que necesitas dependiendo lo que tengas que hacer, abrí una cuenta de banco y deposite mi platita todo en menos de media hora. A los dos días me llegó la tarjeta. Todo lo que siempre odié de las ciudades, no existía en Melbourne. A cada lugar que entraba con una sonrisa y decía “Hi! How are you?” Me contestaban con otra sonrisa, me sacaban charla y me deseaban siempre un buen día. Los colectivos pasan cronometrados. Los trenes también. El tranvía te lleva a donde quieras. Y cuando caminás, antes de llegar a pisar la senda peatonal, el auto que va andando ya frenó para dejarte pasar. Nadie toca la bocina, creo que hasta es ilegal si no es una emergencia. La gente pide permiso y perdón todo el tiempo. Los homeless que vivían en mi cuadra siempre muy amables y respetuosos (y muy graciosos también). Nadie nunca me soltó un piropo en la calle. Camino de noche y sola a cualquier hora de la madrugada y sin miedo. En fin, un sueño.
Y así, de a poquito, me enamoró.
Conocí a mis primeros amigos, Flor es una y hoy es mi familia. Es que eso tiene estar lejos de casa también, todo es más intenso. En una semana quizá te hiciste un amigo que te va a marcar para toda la vida. Lo mismo para las relaciones, avanzan muy rápido (a mi personalmente, me asustan y salgo cagando). Así es Australia. Pasas dos años acá, se pasan como si fueran 4 meses pero te marcan como si fuesen 15 años. No es joda.

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