Ser libre.
Y acá va una flasheada.
En el fondo todos apuntamos a eso, verdad? Y qué mejor manera que empezar una nueva aventura en un lugar donde nadie te conoce. No sé la gente normal cómo se manejará, pero yo nunca me había puesto a pensar quién soy. Es como que tu entorno te lo va imponiendo sin que te des cuenta con actitudes que hemos tenido a lo largo de los años. En mi caso, tengo las mismas amigas hace 23 años, me conocen de memoria. Como la familia. Por más que tenga una semana de mierda con cara de orto 24/7 ellas saben que no soy una vieja ortiva y mala onda. Cuando estás de viaje no cargás con esa imprenta. Un mínimo acto de unos segundos puede determinar si vas a conectar o no con aquella persona que acabás de conocer. Y lo mismo pasa con uno presentándose a gente constantemente. Sos libre. Sos vos. Cada instante.
La gente que me conoció las primeras semanas de Melbourne conoció a una Josefina distinta a la que fuí dos meses después. Estaba aferrada todavía a algo que quería dejar atrás y me estaba costando. Hasta que conocí a alguien que me cuidó como nadie cuando estuve muy enferma y muy lejos de casa. Me dí cuenta que el amor se manifiesta así, random, que son muchas las personas que te vas a cruzar y te van a acalorar el alma que no hay por qué apenarse tanto cuando ya no están a nuestro lado.
Me gustó este nuevo sabor a disfrutar las relaciones sin importar hacia dónde van o cuánto van a durar. Si antes me decían que todo me chupaba un huevo, ahora me chupaban 3.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario