Cuando me vine a Australia no tenía la más puta idea de lo que estaba haciendo, esto es un común denominador en mi vida, no me estresa no saber a dónde voy ni tener nada planeado. Lo disfruto mucho. Disfruto el efecto sorpresa. 

El efecto sorpresa de Australia es la gente. Tanto aussies, como backpackers. 

Los aussies son las personas más relajadas que conocí en mi vida, me sentí contenida y parte de algo aún  estando tan lejos de casa. Se encariñan muy rápido (como yo!), son serviciales, ofrecen ayuda sin esperar nada a cambio, y al ser camarera puedo afirmar que son los clientes más amables del mundo. Acá aprendí a querer a los niños. Son tan pero tan educados, me alegran los días. 

En mi primera semana de backpacker, pude descifrar la movida australiana. Vas a conocer más gente extranjera que local. Al parecer este es el destino al que todos apuntamos cuando no sabemos qué hacer con nuestras vidas. Desde un principio me sentí acompañada en este aspecto. Nos entendíamos, coincidíamos. Los tiro al aire, acá, somos mayoría perras. 



 

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