Pocos meses antes de aterrizar en Aussie, terminé una relación de muchos años. Obviamente esto me dejó flotando en una nube de incertidumbre, y como mi personalidad es muy Ariana (intensa e impulsiva), me senté con mi computadora a mirar pasajes y en literalmente media hora tomé la decisión de irme a la mierda y saqué un pasaje a Australia para dos meses más tarde. 
Tardé una semana en contarle a mi mamá sobre esta decisión. Hoy, que ya lo veo desde otro ángulo, entiendo que simplemente no quería decepcionarla. 
Qué verga che. Estar atrapado esos parámetros que algún hijo de la gran fruta habrá creado muchos muchos años atrás. Es que ya es prehistórico (e ingenuo) pensar que todos los seres humanos podemos alcanzar nuestras metas en la misma cantidad de tiempo, y de la misma forma: colegio, carrera, título, trabajo, casa, fin. 
Imaginate tener un pasaje sólo de ida en mano y ver todos los días a tu mamá y no poder contarle que te vas. No podía. 
Al principio fue shockeante, ella pobre no entendía una mierda, y lo que me dijo fue “pero... y qué vas a hacer con la facultad?” Le dije: “Ma, necesito hacer esto, no puedo explicarlo pero no puedo estar más acá, necesito irme”, obviamente a mitad de la frase me largué a llorar, así fue que un abrazo apretado terminó de explicar lo que las palabras no podían.
Después de ese día la escuché hablar de mí con sus amigas  “se quiere ir a la mierda, no sabe lo que quiere pero sabe que acá no lo va a encontrar, y se sacó un pasaje a Australia la loca” . 
Y qué bien hice vieja. 

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